"LLEVO A LA FUERZA AÉREA EN LAS VENAS”


Siendo precursor en la historia de la meteorología militar, el comodoro “VGM” Eduardo Viotti se despidió de la Institución luego de más de 43 años de servicio. Aquí, un racconto de su historia.
Por 1er Ten Laura Pereyra. Fotos: Gentileza Com. Eduardo Viotti


En la década del ‘70 la Fuerza Aérea Argentina incorporaba jóvenes como parte del plantel de personal civil, los becaba para que estudiaran carreras afines a sus necesidades y los sumaba a sus filas una vez graduados.

Este es el caso del comodoro “VGM” Eduardo Viotti quien, tras obtener el título de Técnico en Meteorología en la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y, luego de finalizar un curso de adaptación en la Escuela de Aviación Militar, en 1973 egresó con el grado de alférez, siendo el primer técnico en Meteorología Sinóptica de la Institución.

“Yo realmente amaba la aviación. Como mi padre era de la Armada me hizo entrar como cadete pero me descubrieron un problema de agudeza visual y no pude continuar (…) Un día mi madre me cuenta que la Fuerza Aérea estaba convocando jóvenes para estudiar Meteorología, una especialidad muy ligada a la aviación y de las diez becas de estudio disponibles yo obtuve una (…) Dos años después ingresé como personal militar porque me gustaba la vida militar; mi vocación era realmente estar al lado de los aviones”, afirma Viotti en conversación con Noticias en Vuelo.

Integrando la 9ª promoción de profesionales y siendo el primer oficial con el menor grado en esa especialidad, fue destinado al Servicio Meteorológico, pasando por numerosos destinos como el Aeropuerto de Ezeiza; la ex Región Aérea Centro (RACE); la Región Aérea Sur (RASU); la I Brigada Aérea de El Palomar; la Dirección de Meteorología y Aeronáutica Militar (DIMAM) y la Dirección General de Servicios Aeronáuticos (actual Dirección de Servicios e Infraestructura Aeronáutica Militar) destino en el que cumplió funciones hasta su retiro.

Al ser uno de los primeros oficiales de la especialidad Viotti siempre estuvo apresto para la tarea que le fuera asignada, abriéndose camino en su profesión. “Nunca retaceé el salir desplegado”, afirma el oficial y sigue: “Estuve alrededor de diez años realizando apoyo meteorológico en la Antártida, en épocas en las que se hacían vuelos directos de Palomar a Marambio, que duraban unas siete horas. Como la meteorología es muy cambiante en esa zona muchas veces durante el vuelo el comandante determinaba si aterrizábamos o continuábamos el recorrido; yo lo asesoraba para tomar esa decisión y mi palabra se cumplía, era bastante considerada porque se trataba de una cuestión exclusiva de meteorología”.

Ese hambre de aprendizaje y nuevas experiencias lo llevaron a posicionarse como el oficial con más horas de vuelos antárticos a bordo del Hércules C-130. “Tengo el reconocimiento de la Lock Aircraft que me dio un diploma por haber superado las mil horas sobre el territorio antártico. Así, fui haciendo mi carrera en la parte meteorológica propiamente dicha. Siempre fui operativo por naturaleza; participé en todos los despliegues que pude, aunque era de muy poco grado, había poca gente de la especialidad”, cuenta.

Asimismo, el comodoro participó en el conflicto que nuestro país mantuvo con Chile siendo desplegado a la Base Aérea Militar Río Gallegos desde donde realizó vuelos de reconocimiento y fotografía sobre la ciudad de Punta Arenas. “Estuve en territorio enemigo, por así decirlo”, asegura.

Durante los primeros intensos años de su carrera, Viotti logró foguearse en todo tipo de tareas. “Me involucré en lo inherente al tránsito aéreo y he hecho apoyo meteorológico a los helicópteros y a los aviones de caza y transporte, es decir, me adapté a todas las aeronaves de la Fuerza y aprendí a reconocer las restricciones de los diferentes sistemas de armas”.

En la DINAM -organismo que más tarde pasó a manos civiles por orden del Servicio Meteorológico-, su aporte fue particularmente importante ya que integró el equipo que aglutinó gente del área de meteorología para ser la cabecera de la especialidad, por definirlo de alguna manera. Por esos años, dos temas eran fundamentales: la instrucción del personal y el apoyo meteorológico que necesitara la Fuerza. “Recurrimos al personal que teníamos distribuido en las diferentes unidades y armamos la parte física en un espacio que nos cedió la I Brigada Aérea, incluida un aula para capacitar a los cabos que egresan del Instituto de Formación Ezeiza”.

SU ROL EN LA GUERRA DE MALVINAS

A principios de 1982 Viotti venía de haber permanecido tres meses en la Base Marambio y, en marzo de ese año, lo convocan para ir a la IX Brigada Aérea de Comodoro Rivadavia donde integró la División de Meteorología del Comando Aéreo de Tareas Operaciones Sur (CATOS). “Además participé en Operaciones, desde donde se largaban las órdenes a las distintas unidades para que enviaran las escuadrillas o secciones de aviones”.

Una mañana, durante una reunión, le pidieron que facilitara información sobre las Islas Georgias.
-“No la tengo, le digo al comodoro que me la pidió.
-‘Consígala, se sube en ese avión y va a buscarla’, me retrucó’”, recuerda el oficial.

“Estábamos todos muy nerviosos e irritables; yo siendo subalterno le contesté bastante mal. Me fui, me puse el buso de vuelo y, cuando subí, recién ahí tomé conciencia de lo que me estaba pasando. En eso, un suboficial me dice: ‘¿usted viene con nosotros? Póngase el chaleco’, y mientras me lo empieza a colocar y me da las explicaciones de cómo proceder ante una emergencia le dije: ‘Está bien’ y me lo saqué, enojado. Me senté y empecé a pensar: Tiene razón este tipo, a lo mejor dentro de un rato estamos muertos. Me volví a poner el chaleco y se me empezaron a confundir las ideas”, recuerda Viotti.

De inmediato subió a la cabina del avión -desde donde se desenvuelven los meteorólogos- y permaneció junto al comandante, el piloto, el mecánico y el navegador. “Yo estaba con lentes infrarrojos porque era de noche y tenía que observar el nivel de nubosidad e informar cómo estaban las condiciones del tiempo para realizar el vuelo (…) Cuando nos posicionamos sobre la isla observamos la presencia de tres buques ingleses; uno estaba ubicado en posición de defensa, apuntando”.

“Cuando empezamos a sobrevolar, el radar de ellos nos había detectado. El vicecomodoro (Hugo) Meisner, que era el navegador, le decía al comandante, que era el vicecomodoro (Carlos) Beltramone: ‘Señor, estamos en zona de disparos, vámonos, vámonos’. -‘No, tenemos que saber si hay más buques’, le respondió. Todas esas cosas que se hablaban yo las escuchaba. En un momento, el copiloto, que era el capitán (Carlos) Krause iba leyendo una carta que le había enviado su papá, misionero era él, porque la tensión era terrible; uno no sabía cuándo lo bajaban. La leía en voz alta: ‘Te mando unos chocolates y una yerba para que compartas con los soldados compañeros tuyos’. Él bajaba la carta, se quedaba pensando y decía: `Mi viejo no sabe que yo soy capitán, no soldado’; y seguía pensando. Al rato agrega: ‘Sí, tiene razón mi papá, todos somos soldados’ (…), rememora el comodoro y agrega reflexivo: “Siempre pienso que murieron en otra misión y que yo podría haber ido con ellos”.

Durante esa misión, se realizaron vuelos de observación y reconocimiento; “fuimos hasta la Georgia, dimos vueltas durante casi doce horas; salimos a las nueve de la mañana y volvimos cerca de las nueve de la noche (…) Otro día sobrevolamos en la zona de Malvinas. Conservo todas las planillas de vuelo de la guerra”.

Como relata Viotti, durante el Conflicto la Fuerza Aérea contaba con otros meteorólogos que se encontraban desplegados en las distintas unidades y dependían del CATOS. “Yo era el meteorólogo del Comando; cualquier consulta recurrían a mí. Teníamos teléfonos punto a punto; nos intercambiábamos información y todos elaboraban sus propios pronósticos (…) Yo asesoraba a los que determinaban las órdenes fragmentarias para que salgan los aviones”.

“Me acuerdo que corría por los pasillos; la palabra correr era literal. En ese momento estaba tan imbuido en el tema que no pensaba en lo que podía pasar; no era consciente que un error mío podía ser catastrófico; no tenía noción; sólo me focalizaba en hacer mi tarea lo mejor posible”.

Unos años después, el comodoro “VGM” Alfredo Cano -que fue jefe del Escuadrón I C-130- escribió el libro “Recuerdos transporteros, Malvinas 1982” en el que lo nombra en dos ocasiones. “Además, en el Aula Magna de la Escuela Superior de Guerra Aérea hay una placa donde están todos los integrantes del Estado Mayor que desplegaron en la guerra. Allá abajo, como primer teniente, ando yo”, cuenta sonriente el comodoro.

“Nos atacaron después del mal tiempo”

“Durante la misión, mi enemigo era un meteorólogo inglés, un capitán de fragata que por su poca experiencia en la zona no tomaba decisiones muy acertadas. Aunque yo era más moderno, por haber estado varias veces en el sur y en la Antártida corría con ventaja”, asegura y trae a colación una anécdota: “El 30 de mayo había una niebla intensa que cubría toda la Patagonia y todo la isla de Malvinas y se iba corriendo hacia el este. En un briefing que tuve que dar, me preguntaron cuándo iba a mejorar el clima. Como yo tenía información satelital hice un cálculo y dije ‘a tal hora ya pueden ir los aviones’ (…) Me contaron que los pilotos iban viendo cómo se iba corriendo la niebla y que, en un momento dado, vieron los buques, los atacaron y se fueron. Es claro que los ingleses no reaccionaron porque el meteorólogo no se animó a anticiparse”.

Un tiempo después, Viotti leyó el informe de un periodista londinense que realizó una cobertura de esa misión a bordo de un buque: “Nos atacaron después del mal tiempo”, decía contundente el documento. “Son cosas que a uno lo llenan de satisfacción porque, bueno, me salió bien. Ojo que no estábamos jugando (…) Me voy con la satisfacción de ser bien visto por el resto de la Fuerza, que no es fácil si uno no camina bien la profesión”.

“Usted no tiene derecho a morirse sin haber escrito lo que vivió”

Cuando tiene oportunidad, el comodoro ofrece charlas sobre sus vivencias en la guerra. En una ocasión, durante una de sus charlas, un contraalmirante lo escuchó disertando y al finalizar la exposición se acercó, le obsequió su tarjeta personal y le dijo: “Usted no tiene derecho a morirse sin haber escrito lo que vivió”. “Y, bueno, estas cosas me dan vida; son anécdotas y vivencias que siempre voy a conservar dentro mío”, asevera.

En este sentido, el ex director de Estudios Históricos lo invitó a relatar sus anécdotas para que queden archivadas. “En la vorágine del trabajo diario nunca lo hice, tengo cosas sueltas. Creo que ahora va a ser el momento; es una cuenta pendiente”.

UNA VIDA AL SERVICIO DE LA FUERZA AÉREA

“Luego de casi 42 años de servicio, yo digo que llevo la Fuerza Aérea en las venas. Y creo que el vínculo es mutuo. Yo un poco abrí el camino para los más modernos pero a su vez la Fuerza me dio muchísimo; permitiéndome desarrollarme en una cantidad de cosas que aún hoy puedo aplicarlas a mi vida”.

Durante el ejercicio de su profesión Viotti -también piloto de aviones ultralivianos- se dedicó a brindar charlas gratuitas sobre meteorología en diferentes aeródromos a la vez que forma parte de una comisión integrada por personal retirado de la Fuerza que busca mantener vínculos con distintos organismos con el sólo objetivo de fomentar la aviación. “Como una de las cuestiones importantes para el hombre que vuela es la meteorología, yo trato de simplificarla y mostrar los rudimentos de esta especialidad en una charla de una o dos horas. Lo hago con bastante frecuencia; además he sido profesor de Meteorología en los cursos de Navegadores y en el ámbito civil también dicté la materia en escuelas de vuelo”.

Hoy ya retirado y abocado plenamente a su familia, Viotti asegura que puede desapegarse de su profesión y del hábito de mantenerse al tanto de cómo evoluciona el clima. “Hago como los jubilados del ferrocarril que ven pasar el tren: todos los días veo la meteorología por mi cuenta y trato de ver cómo continúa, hago la misma tarea que hacía cuando era joven”, asegura.

UNA DESPEDIDA PRORROGADA

Cuatro décadas más tarde, desde que ese joven decidió sumarse a las filas de la Fuerza Aérea Argentina, llegó el momento de pasar a situación de retiro y dejar su legado a las jóvenes generaciones. Durante su despedida, en un acto encabezado por el director de Servicios e Infraestructura Aeronáutica Militar, Viotti recibió la Carta del Tiempo del 31 de diciembre de 1973, día que ingresó a la Fuerza Aérea. “En casa tengo todas las cartas del tiempo de la guerra de Malvinas, día por día. Están en un CD y las puedo proyectar. Por eso, este regalo es muy significativo para mí y me emociona mucho”.

Al hacer un balance de su paso por la Fuerza, Viotti manifiesta: “En mi caso personal, soy uno de los tantos aventurados de esta vida que hizo lo que quiso, que pudo trabajar de lo que le gustaba (…) Ahora el abanico es mucho más grande pero la competencia también es grande. Entonces no cualquiera consigue ejercer su vocación en el lugar que quiere. Mucha gente se recibe en una carrera y tiene que trabajar de otra cosa. Yo lo hice plenamente; pude sacarle jugo a la profesión”, afirma y sigue: “Me llevo una gran experiencia, muchas vivencias y una gran madurez que me han llenado la vida y me han perfeccionado en muchos sentidos. La disciplina que uno adquiere acá adentro hace que uno la pueda aplicar en la vida civil (…) Me voy contento porque creo que hice lo que tenía que hacer y me siento demasiado reconocido. Me voy realmente satisfecho. La Fuerza Aérea, la vida militar y la meteorología me llenaron el espíritu”, finaliza emocionado.


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