CUMBRE EN EL ACONCAGUA


Personal de la IV Brigada Aérea ascendió a la montaña más alta del Continente Americano, un coloso tan frío, tan especial, tan crudo y tan soñado
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Cumbre en el Aconcagua



Con motivo de la finalización de los festejos del Centenario de la Aviación Militar Argentina, un grupo de 8 personas pertenecientes a la IV Brigada Aérea ascendió al Cerro Aconcagua. A casi 7.000 metros sobre el nivel del mar, con poco oxígeno, bajas temperaturas, paisajes de belleza conmovedora y un clima caprichoso lograron hacer cumbre el día 9 de febrero de 2013, dejando una placa recordatoria para testimoniar la travesía.

El proyecto de “Expedición Aconcagua Centenario de la Aviación Militar” contó con el apoyo del jefe de la IV Brigada Aérea, comodoro Edgardo Busetti, con el soporte logístico de la empresa Aymará y Aconcagua Trek a cargo de Martín Grech y Marcelo Nassivera y la colaboración del pintor Miguel Doura, propietario de la galería de arte más alta del mundo, ubicada en Plaza de Mulas, en el Parque Aconcagua, Mendoza.

El grupo a cargo del comodoro Pedro Notti estaba integrado por el mayor Marcelo Sánchez, el suboficial principal Daniel Estévez experimentado guía de alta montaña, el suboficial principal Alejandro Toledo, los cabos primero Débora Godoy y Fernando Morales y la civil Lysiane Blay.

El comodoro Notti comienza su relato así: “Partimos el 28 de enero y luego de ir aclimatándonos a diferentes alturas, llegamos a Nido de Cóndores (5.400 m) donde permanecimos 4 días esperando la ventana meteorológica para atacar la cumbre. Ese día, el 9 de febrero nos levantamos a las 0:30 y partimos a las 3:20. Logramos llegar a la cima (6.960 m) a las 14:45”.

Emocionado expresó “la sensación de haber alcanzado ese logro es indescriptible, una mezcla de alegría, cansancio y satisfacción. Avisamos por teléfono satelital a la IV Brigada y por radio al Campo Base en Plaza de Mulas a 4300 mts”.

Y destacó que “Aarón, un joven de 25 años que trabaja en Plaza de Mulas, a través de la radio de enlace, hizo sonar con su armónica, los acordes del Himno Nacional Argentino, en el momento que nos encontrábamos en la cúspide. Un privilegio para pocos que nos agrandó el pecho y nos resultó imposible que no se nos escapara alguna lágrima de alegría y emoción”.

Notti también nos contó que “lo más importante fue el trabajo en equipo, fundamental en este tipo de expedición, apoyándonos continuamente en esos instantes de fragilidad, expuestos día y noche a la voluntad del clima.
Las tareas se repartían, algunos derritieron la nieve para obtener agua, necesaria para hidratarse ya que se consumen entre 6 y 8 litros por persona por día, otros, armaron las carpas y prepararon la comida, siempre todos, se apoyaron y asistieron en los momentos donde algún miembro del equipo no se sentía bien”.


El comodoro describió que en esos días de travesía se mostró el espíritu solidario que caracteriza a la gente de montaña “el grupo de la IV Brigada Aérea brindo su apoyo en dos oportunidades: el rescate de un andinista cegado temporalmente y el de un guía que había sufrido una quebradura en su brazo. En ambos casos se facilitó la operación del helicóptero con señales fumígenas debido a la baja visibilidad producida por nevadas y se usaron los equipos propios de comunicaciones permitiendo el contacto permanente con la Patrulla de Rescate de la Policía de Mendoza”.

El descenso les demandó 5 horas hasta Nido de Cóndores (5.400 m) y a pesar del cansancio extenuante el suboficial “Chino” Estévez aconsejó al grupo continuar la bajada sin parar debido al peligro de congelamiento que se suscita en esos lugares.

Estévez como guía del grupo aportó una vez más su invalorable conocimiento sobre el Aconcagua (con 15 ascensos) ya que luego de 14 días que demandó la expedición, debiendo soportar algunas jornadas de fuertes vientos y nevadas, nada impidió lograr la cumbre o bajar el ánimo de los expedicionarios.






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