LA MÚSICA ESCRITA EN EL ADN


El suboficial mayor Miguel Burgos y su hijo, el cabo que lleva su nombre, compartieron con Noticias en Vuelo su experiencia de ser parte de la Banda Militar de Música de la Escuela de Aviación Militar
Por Lic. Florencia Sosa


Desde hace cinco años, la Banda Militar de Música “Bautismo de Fuego” con sede en la Escuela de Aviación Militar, es testigo del estrecho vínculo que existe entre el suboficial mayor Miguel Burgos y su hijo, el cabo Miguel Burgos, quienes comparten la misma pasión por la música.

El suboficial ingresó a la Fuerza Aérea en 1978 como soldado conscripto de la Escuela de Aviación Militar. “Desde niño mis padres participaban de desfiles conmemorativos de días patrios y allí nació mi gran deseo de querer ser parte de una banda de gran porte y prestigio”, afirmó el suboficial Burgos.

“Hace 38 años que tengo el honor y la dicha de formar parte de la Banda Militar de Música Bautismo de Fuego, en donde compartí y disfruté toda mi carrera”, afirmó el suboficial y agregó: “Comencé tocando el tambor, luego me hice cargo del redoblante en los desfiles. Así mi participación en la Banda comenzó a tomar color ejecutando la batería, instrumento que era mi adoración desde pequeño brillando en cada evento y concierto como lo sigo haciendo actualmente”.

Por su parte, su hijo contó que su pasión por la música y el sentimiento de pertenencia por la Fuerza nació al ver a su padre “vestir con tanto orgullo su uniforme y su vocación por su trabajo (…) Verlo tocar, desfilar, hacer guardias, todas esas actividades marcaron mi vocación y mi destino al igual que mi papá. La música nació en mi vida desde muy chico, con gran admiración hacia él, por eso a la hora de formar parte de la Fuerza Aérea no dudé en convertirme en un integrante de la Banda de Música y Guerra”, explicó el cabo, quien ingresó a la Institución en 2011 realizando el curso de aspirante en el Instituto de Formación Ezeiza (IFE).

La primera vez que tocaron juntos fue en un evento en el Teatro San Martín, el más imponente de Córdoba, convirtiéndose en un recuerdo imborrable para ambos en el que el lazo padre-hijo traspasó las fronteras e iniciaron su camino como compañeros de Banda.

“Lo recuerdo como si fuera ayer (…) En el 2010 se festejaban los 99 años de la Fuerza Aérea y fue allí donde en un concierto de la Banda de la Escuela de Aviación Militar fui invitado para tocar con ellos, una sensación increíble e inigualable”, declaró el cabo.

Al respecto, el suboficial mayor explicó: “He sentido la prolongación de mi vida plasmada en mi hijo, a través de la música dejo en él lo mejor de mí. Alguna vez imaginé trabajar junto a mi hijo y hoy es una hermosa realidad”.

Este tiempo juntos les permitió compartir anécdotas, bromas y experiencias en el que el vínculo laboral se entremezcla con el amor de padre e hijo. Al igual que su padre, el cabo siente que su fuerte es la percusión, en la Banda toca el tambor y en los conciertos también la batería.

“Hace poco en un concierto preparamos un solo de percusión donde nos explayábamos cada uno en su instrumento. Nuestras miradas se cruzaban como conectados entre sí sabiendo lo que íbamos a hacer cada uno, dejando a la gente cautivada y emocionada por la actuación de los dos, fue inolvidable”, comentó el suboficial mayor Burgos y agregó: “Cada aplauso llenaba mi corazón de recuerdos de cuando él era niño y jugaba a ser músico como yo, es una emoción que no tiene comparación”.

Con respecto a la oportunidad que tiene de trabajar junto a su padre, el cabo declaró que “no tiene comparación alguna, soy un afortunado. Muy pocos tienen la suerte de vivir esta experiencia. Realmente un orgullo total”.

Entre las enseñanzas que conserva de él destaca “la gran vocación con la que hace su trabajo, con la alegría que lo hace, su frescura, su sonrisa de todos los días como si fuera su primer día de trabajo. Admiración total, te amo papá”.

“Si tuviera que darle un consejo a los jóvenes que inician su camino en las Bandas Militares de la Fuerza Aérea les diría que tomen la carrera con verdadera vocación, a demostrar y demostrarse a sí mismos cada día el sentido de responsabilidad con este destino que requiere de muchos sacrificios, amor propio y gran sentido de pertenencia. De esta manera, con esfuerzo y sacrificio aprendemos a amar nuestra profesión”, afirmó el suboficial mayor.

“Como familia es muy importante compartir esta vivencia con los integrantes de la Fuerza ya que no todos tenemos la dicha de trabajar como padre e hijo, un recuerdo que quedará en nuestros corazones para siempre”, finalizó emocionado el suboficial mayor Burgos.


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