EL HOSPITAL AERONÁUTICO CENTRAL, SEMILLERO DE ENFERMEROS PROFESIONALES


Desde hace 19 años funciona en su interior la “Escuela de Enfermería” en la que los suboficiales de la especialidad Apoyo Sanitario pueden obtener el título de pre-grado
Por 1er. Ten. Laura Pereyra. Fotos: Gentileza PC Romina Ottati (HAC)


En el marco del Día Mundial de la Enfermería, en homenaje a Florence Nightingale, nacida un 12 de mayo y considerada madre de la enfermería moderna y fundadora de la primera escuela de enfermería del mundo, Noticias en Vuelo conversó con la vicecomodoro Mónica Rodríguez, actual directora de la Unidad Docente de Enfermería del Hospital Aeronáutico Central (HAC).

Como explica la licenciada en Enfermería, en 1994 se sancionó la ley 24.004 sobre el ejercicio profesional de esta rama auxiliar de la Medicina que plantea que sólo pueden realizar determinadas tareas aquellos profesionales que cuenten con un título universitario. “Desde la sanción de esa ley, la función del enfermero se redefinió y la Fuerza Aérea se vio en la necesidad de adecuar su plantel de enfermería a esa norma legal. Ahí empezamos a evaluar la situación, teniendo en cuenta que la necesidad de disponer de enfermeros se extiende a nivel mundial. Evaluamos una serie de alternativas y ahí surgió la posibilidad de crear lo que nosotros llamamos a nivel interno ‘Escuela de Enfermería’”.

Para lograrlo, en 1997 el HAC -ubicado en el barrio porteño de Pompeya- firmó un convenio con la Universidad de Buenos Aires (UBA) con el cual pasó a integrar una de las trece unidades docentes que la Facultad de Medicina tiene en los distintos hospitales públicos de la ciudad y de la provincia de Buenos Aires, en las que se dicta la carrera de Enfermería Universitaria.

Dicho acuerdo fue firmado por el director general de Salud de la Fuerza Aérea y el decano de esa Facultad y está destinado a los aspirantes a cabo “en comisión” del Instituto de Formación Ezeiza (IFE) que eligen la especialidad de Apoyo Sanitario.

En este sentido, la Fuerza Aérea aceptó adherirse al Plan de Estudio de la UBA, lo que implica que los alumnos deben iniciar la carrera teniendo aprobadas, previamente, dos materias del Curso Básico Común (CBC): Introducción al Pensamiento Científico e Introducción a la Sociedad y el Estado.

Asimismo, se compromete a depender académicamente de la Universidad y a pagarles el sueldo y los viáticos a los docentes que, entre agosto y noviembre, una vez por semana, se trasladan al IFE exclusivamente, para el dictado de clases. “Como esas asignaturas se cursan de manera paralela a la instrucción académica y militar, la cantidad de suboficiales promedio que ingresan por año a la Escuela de Enfermería depende de la cantidad de los que aprueban el CBC”, explica la vicecomodoro.

Por este motivo, si las vacantes no son cubiertas por ellos, se incorporan alumnos del ámbito civil “que se adaptan a ciertas cuestiones de la vida militar como el uso de rodete para las mujeres y el pelo corto para los hombres. Si vos los ves se mimetizan. Al principio, hasta que los conozco, no distingo cuál es militar y cuál es civil.”, relata Rodríguez y sigue: “La mayoría quiere quedarse en la Institución como personal civil. Los que se incorporan al plantel tienen muy buena adaptación con el grupo de militares y eso para nosotros es muy importante”.

Durante los tres años de la carrera tienen materias como Anatomofisiología, Física Biológica e Introducción a la Ciencia Psicosocial y realizan prácticas de distintas especialidades en hospitales públicos del Gobierno de la Ciudad: las de Pediatría se realizan en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez; las de Psiquiatría en el Hospital Neuropsiquiátrico Braulio Moyano y las de Obstetricia en el Hospital Materno Infantil Ramón Sardá, entre otras.

Una vez que se reciben, el Hospital Aeronáutico Central les otorga un diploma simbólico pero reciben el oficial en la Facultad de Medicina, junto con egresados de carreras afines a la salud. Con dos años más, y completando las materias restantes del CBC, los alumnos pueden obtener la licenciatura. Al respecto, Rodríguez asegura que “aunque continúan capacitándose para dedicarse a especialidades específicas, éste título los habilita a desempeñarse en cualquier área”.

Desde la creación de la Escuela, egresaron hasta el momento 17 promociones que nutren a toda la Fuerza Aérea: la mayoría permanece en el HAC, otros son destinados al Hospital Aeronáutico de Córdoba y el resto a las distintas unidades del país. “En la parte de Neonatología todos los enfermeros son militares, salvo una chica que es civil y todos egresaron de la Escuela, desde la jefa hasta el último cabo (…) Además, muchos de nuestros alumnos han podido insertarse en el mercado laboral porque se valora mucho la formación militar. Eso nos genera mucha satisfacción”, afirma la vicecomodoro.

Al hacer referencia a la situación actual de la Unidad Docente del HAC, manifiesta que la enorgullece enormemente ver cómo creció a lo largo de estos años. “A veces me pongo a pensar en los logros alcanzados y me cuesta creer en todo lo que se avanzó. Cuando recién se creó éramos tres enfermeras, no teníamos bancos y dábamos clases en la Iglesia del Hospital porque no había otro lugar físico”.

Hoy, con 75 los alumnos regulares, además de la oficina dedicada a las cuestiones administrativas, la Escuela cuenta con tres aulas, equipadas especialmente para permitir que la capacitación de los futuros enfermeros universitarios sea de excelencia.

“Aunque últimamente se están incorporando muchos varones, podría asegurar que la enfermería es una profesión netamente de mujeres. Estamos copando todas las áreas”, manifiesta Rodríguez entre risas.

DE PROFESIÓN, MILITAR Y ENFERMERA

“Me incorporé a la Fuerza Aérea en el año 1981 como cabo principal, cuando ya tenía el título de enfermera profesional. En el ‘84 fui a la Escuela de Aviación Militar y, luego de seis meses de instrucción, obtuve la jerarquía de alférez. Al tiempo, la Fuerza comenzó a incorporar licenciados en Enfermería como oficiales pero yo ya era primer teniente y había obtenido la licenciatura por motus propio”, narra la vicecomodoro.

A lo largo de tantos años al servicio de la FAA, Rodríguez señala dos hitos que marcaron su carrera como profesional de la salud y como personal militar: su participación en el Conflicto del Atlántico Sur y en la misión de paz de Naciones Unidas en la República de Mozambique.

“A un año de incorporarme a la Institución integré el segundo grupo de enfermeras que participó en la Guerra de Malvinas desde Comodoro Rivadavia. Éramos unas 8 o 9, no recuerdo exactamente, y todas teníamos el grado de cabo principal. Divididas en dos grupos, una parte cumplió funciones en un hangar cercano a la pista de la IX Brigada Aérea mientras que el otro se encontraba en el Hospital Reubicable”, narra.

Al respecto, la vicecomodoro recuerda que “la gente que estaba en el hangar recibía a las víctimas que necesitaban atención con menor complejidad. Lo más recurrente era el ‘pie de trinchera’, es decir, la enfermedad que padecen los soldados que permanecen durante el invierno en fosas anegadas de agua”.

Por su parte, en el Hospital quedaban internados los pacientes con cuadros de salud más severos a los que en general debían intervenir quirúrgicamente. “Yo también soy instrumentadora y recuerdo que cuando los bombardeos sobre Puerto Argentino aumentaron y era complicado trabajar en el Hospital instalado en las islas, nuestro trabajo fue más intenso (…) Yo tenía 28 años; había trabajado como enfermera de guardia en un hospital, pero la guerra no es lo mismo”, comenta y sigue: “Estuvimos del 27 de abril al 14 de julio, que fue el día de la rendición. Para orgullo de todas, también fuimos parte del Bautismo de Fuego de la Fuerza Aérea, que fue el 1° de mayo”, relata orgullosa.

Asimismo, en 1993, Mónica se desenvolvió como enfermera en el Hospital Reubicable que se instaló en Machava, a 15 kilómetros de la capital de Mozambique, donde se asistió sanitariamente a las tropas de otras naciones, a personal diplomático y a la población local, detectando diferentes enfermedades como malaria, parasitosis y HIV.

“Creo que las mujeres de la Fuerza Aérea Argentina fueron las primeras de América Latina en participar en misiones de paz (…) Yo fui en la segunda tanda; éramos cuatro enfermeras y vivíamos en una carpa. Durante seis meses trabajamos incansablemente. Fue una experiencia muy dura pero a la vez muy enriquecedora para mi profesión”, asegura la vicecomodoro y finaliza: “Nunca me casé; aboqué mi vida a mi carrera y a perfeccionarme. No es por falsa modestia, pero me emociona saber que gracias a mi aporte se cambió la enfermería en la Fuerza Aérea”.

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