MANTENIENDO VIVA LA LLAMA DE MALVINAS


El secretario general de la Fuerza Aérea visitó el Museo Nacional de Malvinas, ubicado en la ciudad cordobesa de Oliva, y entregó en comodato un avión M-V Dagger que participó en la Guerra
Por 1er Ten. Laura Pereyra. Fotos: SV. Melina Fernández
El M-V Dagger C-415 emplazado en el Museo Nacional de Malvinas Secretario General de la FAA, brigadier José Videla Gabriel Fioni, director del Museo Nacional de Malvinas Claudio Castillo, único hijo del 1er Ten. (PM) Carlos Castillo Integrantes del Museo Nacional de Malvinas


Cada 2 de abril, los ciudadanos argentinos se congregan en monumentos, escuelas, plazas o museos con un único objetivo: rendir honor a los 649 héroes que ofrendaron sus vidas para defender la soberanía de las Islas Malvinas y a los veteranos que tras batallar con coraje y valentía retornaron al continente para dar testimonio de sus vivencias.

Siguiendo esta tradición, desde 1995 la Fundación Museo Nacional de Malvinas de Oliva, Córdoba, trabaja para que los ciudadanos de esa ciudad y del resto del país puedan reconstruir -a través de la colección de numerosos y valiosos elementos- una parte de la historia argentina.

Y para recordar esta fecha organizó una emotiva ceremonia en las instalaciones del Museo-Parque a la que asistieron autoridades provinciales y municipales; representantes de las Fuerzas Armadas y de Seguridad; Veteranos de Guerra; hijos y familiares de caídos; alumnos y docentes de escuelas locales, organizaciones civiles y público en general.

Reconociendo la labor que año a año realiza el Museo y demostrando interés por el proyecto, la Fuerza Aérea Argentina ha aportado material en desuso que resulta de gran utilidad para el organismo, como también ocurrió en esta oportunidad.

Como es protocolar, se entonaron las estrofas del Himno Nacional; el párroco local ofreció una invocación religiosa y, mientras se observaba el casco de un piloto caído -expuesto en un cofre en el palco principal- se realizó un minuto de silencio en honor a los héroes que ofrendaron sus vidas.

En este sentido, se recordó a los tripulantes del Lear Jet 35 matrícula T-24 de la Fuerza Aérea que fue derribado el 7 de junio de 1982 cuando se encontraban cumpliendo tareas de exploración y reconocimiento. En su honor, las autoridades presentes y sus familiares, inauguraron un monolito construido con las mismas características del que se encuentra ubicado en la Isla de Borbón, en las Islas Malvinas.

Luego, el secretario general de la Institución, brigadier José Videla, junto al director del Museo, Gabriel Fioni, y autoridades presentes descubrieron una bandera argentina de la trompa del avión Mirage M-V Dagger C-415 que la Fuerza Aérea Argentina entregó en comodato para que sea exhibida y preservada allí a fin de que los espectadores lo conozcan y sepan de sus hazañas durante la Guerra.

Dicha aeronave fue utilizada durante el Conflicto de Malvinas y tripulado por el primer teniente (PM) Carlos Julio Castillo, oriundo de esa ciudad y único caído del II Escuadrón Aeromóvil Dagger “La Marinete”.

Fue sumamente emotivo el momento en que su único hijo, Claudio Castillo, subió a la cabina del C-415, asistido por el personal que ayudó a su papá por última vez, y tomó contacto no sólo con el avión sino con su uniforme, al que obsequió personalmente al intendente de Oliva, Oscar Tamis, para que sea preservado en el Museo Nacional de Malvinas.

Sumamente emocionado, entre lágrimas y con la voz entrecortada, el joven conversó con Noticias en Vuelo y sobre ese momento expresó que “fue una especie de acercamiento. Cuando iba subiendo sentía como que me iba a encontrar con él, que lo iba a ver”, asegura y sigue: “Sinceramente, fue muy lindo. No tengo palabras para definirlo”.

Al hacer referencia a lo que sabe de su papá de acuerdo a lo que le fueron contando los que lo conocieron, Claudio manifiesta que “todos coinciden en que fue una gran persona, un gran amigo, un gran camarada. Y eso me llena de orgullo (…) pasar tantos años sin él es duro. Hay momentos y fechas duras, pero gracias a Dios uno está acompañado de buenos afectos: mi madre, hermanas, mi señora y amigos hacen que siga adelante. Más allá de que uno a veces no encuentra respuestas a todas las preguntas, se sigue adelante”.

Durante la ceremonia, veteranos de Malvinas, y familiares entregaron formalmente al Museo obsequios personales de los caídos para que permanezcan allí resguardados y sean observados por las generaciones actuales y las venideras. En la ocasión, integrantes del II Escuadrón Aeromóvil M-V Dagger entregaron una placa al director del Museo para ser ubicado al pie del avión.

Este medio también dialogó Gabriel Fioni quien manifestó: “El sentimiento por la causa Malvinas es muy puro, muy profundo; es un compromiso muy grande de toda la comunidad y de la gente del Museo y también de veteranos y familiares. Con sus donaciones ellos dejan parte de su historia y consideran que este es un lugar especial para que estén resguardadas. Eso nos hace objetivamente potables, nos hace fuertes y nos embebe de un espíritu muy especial. Nos hemos convertido en un lugar de preservación permanente”.

Orgulloso Gabriel continúa: “Que el hijo de (Danilo) Bolzán nos traiga la bota de su papá, que el hijo de Castillo abra el avión que piloteó su padre es muy fuerte. Acá se producen encuentros, se producen llantos (…) Este es un lugar muy especial del cual nosotros sólo somos meros protectores, meros administradores. Esto es de la Patria toda”.

Tras las palabras alusivas a cargo del intendente de Oliva y el retiro de las banderas de ceremonia, finalizó el acto. Los presentes, eufóricos y emocionados, aprovecharon para fotografiarse con el Mirage y con el hijo de Castillo. Sin dudas, una mañana repleta de emociones, abrazos y anécdotas que dan cuenta que la llama de Malvinas sigue viva.

VIGILIA CON LOS HÉROES

Durante la noche del 1º de abril, alumnos y docentes de escuelas locales; familias de Oliva e integrantes del Museo Nacional de Malvinas se congregaron en el Salón de Usos Múltiple del Club Vélez Sarsfield para recibir a cuatro veteranos de Guerra integraron el Escuadrón Fénix y compartieron vivencias con el primer teniente (PM) Castillo. Ellos fueron el brigadier Luis Villar, jefe de ese Escuadrón; el brigadier Norberto Dimeglio, instructor de vuelo Castillo y con quien el joven realizó su primera misión de combate; el suboficial mayor (R) Hugo Suárez, oriundo de la ciudad, que cumplía misiones de fotografía desde aviones Hércules y el personal civil Carlos Ferraro que integró el I Escuadrón Aeromóvil que operó desde Río Grande y colaboró en el trabajo de reparación del avión.

-¡Bienvenidos al hogar de Carlos Castillo!, fueron las palabras del director del Museo cuando los presentó e hizo una breve reseña de cada uno.

Luego fue el turno de los alumnos de la escuela Bartolomé Mitre que realizaron una representación alusiva en base al poema “2 de abril”, escrito por el compositor argentino Adrián Maggi. Las lágrimas fueron inevitables y los aplausos cerrados de los presentes dieron cuenta que el efervescente sentimiento argentino por la recuperación de nuestras Islas y el reconocimiento a los héroes sigue en pie.

En la ocasión, los veteranos encabezaron diferentes fogones denominados San Carlos, Puerto Argentino y Ganso Verde que se distribuyeron en el interior del lugar mientras los jóvenes, entusiastas, se reunieron en torno a ellos para interiorizarse acerca de sus vivencias en la Guerra. Sin dudas, se trató de un momento único donde las historias y las anécdotas eran contadas en primera personas por los verdaderos protagonistas.

EL C-415

En agosto de 1978 la Fuerza Aérea adquirió un lote de aviones de combate que en nuestro país se denominaron Dagger. El C-415 tuvo como destino final la Base Aérea Militar de Tandil pero a principios de mayo de 1982, ya en plena guerra, fue desplegado a San Julián desde donde participó en numerosas misiones.

Tras regresar a Tandil para ser reparado por distintas averías, el C-415 retornó a Río Grande incorporándose al escuadrón aeromóvil Avutardas Salvajes.

Finalizado el conflicto, fue replegada desde Río Grande a Tandil y entre 1985 y 1986 se le realizaron trabajos de modificación y modernización como Finger IIIB en el Área de Material Río Cuarto.

A partir de marzo de 1988 el C-415 fue asignado al Escuadrón I/Grupo 6 de Caza hasta su desactivación y, de acuerdo al informe técnico de la Dirección General de Material, el 18 de diciembre de 2013 el jefe de la VI Brigada lo pone a disposición por haber dejado de prestar utilidad en la FAA.

EL MUSEO

El Museo Nacional de Malvinas funciona desde 1995 como Museo-parque desde 1995 y surgió por iniciativa de Gabriel Fioni y Dino Torti, fanático de las historias malvineras y aficionados a la recopilación de elementos de la guerra. Ubicado en pleno corazón de Oliva, “la idea siempre fue que formara parte de la fisonomía de la ciudad sin cambiarla y que la estructura de los monumentos, los aviones y los elementos formaran parte del entorno natural de este lugar.

“Siempre contamos con el apoyo de la Fuerza Aérea Argentina. A penas arrancamos fuimos a ver al secretario general de la Fuerza Aérea y hoy nos acompaña el secretario actual. Empezamos y terminamos en el mismo lugar y eso nos ha permitido tener un avión Pucará, un Skyhawk, un Dagger; no cualquier avión sino aviones muy especiales”, cuenta Fioni.

Orgulloso continúa: “Eso nos permite poder sostener la idea malvinizadora y mantener en el tiempo el sembrado del sentimiento patriótico bien entendido y que los niños, sobretodo, entiendan la vocación de servicio, qué es el amor a la Patria, qué es soberanía. Bueno, todo esto lo pueden vivir acá”.

Construido en 2006, el Museo es una réplica de la proa del Crucero General Belgrano, realizada a escala natural, como forma de recuperar desde el fondo del mar la primera porción del barco que se hundió y en homenaje al cabo principal de la Armada Ángel Arce, oriundo de Oliva, que falleció en el hundimiento.

Abierto los fines de semana para el público en general y durante la semana para las escuelas que solicitan visitas guiadas, “dentro de él están los elementos más importantes como documentos personales, fotografías y todo el material que los familiares de los caídos y los veteranos nos dejan para preservar. Ese es el lugar más preciado para nosotros”, explica el director del Museo.









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