“CLAMA EL VIENTO Y RUGE EL MAR”


Es la frase favorita de Ezequiel Martel ya que son las dos condiciones que se necesitan para lograr la destreza del surf. Este año cumplió uno de sus sueños surfear en las playas de Mar del Plata y las Islas Malvinas
Por Lic. Laura Artuso
Ezequiel Martel junto a Sebastián y Marcelo Galindo de la marca Camarón Brujo Creación de la tabla de surf personalizada Ezequiel Martel recibiendo su tabla de surf de la marca Camarón Brujo Ezequiel Martel preparando la tabla de surf antes de ingresar al mar Ezequiel Martel surfeando Ezequiel Martel surfeando Ezequiel Martel surfeando Ezequiel Martel en su visita a Malvinas Ezequiel Martel en su visita a Malvinas Ezequiel Martel en su visita a Malvinas


Ezequiel Rubén Martel tiene 34 años, es personal civil de la Fuerza Aérea Argentina y lleva en su camino una historia conmovedora que comienza en el año 82. Teniendo 10 meses de vida, su padre, el mayor (PM) Rubén Héctor Martel, oficial de la Institución, entregó su vida por la Patria en el Conflicto de Malvinas un 1 de junio a bordo de un Hércules C-130 E, matrícula (Tango Charlie) TC-63. “El Hércules partió esa mañana desde Comodoro Rivadavia con dirección a Malvinas. A mi papá, comandante de la aeronave, lo acompañaban 6 compañeros. El avión tenía que volar al ras del mar, con todos los comandos apagados, hasta ascender bruscamente en determinadas coordenadas y prender los equipos. En altura debía recoger información y después volver a descender. Pero al llegar al último objetivo, fue interceptado por el radar de la fragata H.M.S. MINERVA siendo derribado posteriormente por una Patrulla Aérea de Combate compuesta por dos aviones Sea Harrier FRS-1 del Escuadrón 801 provenientes del Portaaviones H.M.S. Invencible”.

Del avión y de sus 7 tripulantes nunca se encontró nada ya que el avión, luego de recibir un impacto de misil en el ala y siendo ultimado con la descarga completa de 245 proyectiles, se tornó ingobernable para ellos y luego impactó fuertemente contra el mar desintegrándose por completo y sin dejar rastros.

Es por eso que la forma que encuentra Ezequiel de conectase con su padre es en el mar y surfeando. “Quiero aclarar que no soy un surfista profesional, más que nada soy un surfista amateur y que todavía sigo aprendiendo pero es mi forma de estar cerca de él y conectarme desde lo espiritual realizando algo que me gusta de chico y que lamentablemente lo aprendí solo pero que me hubiese encantado disfrutarlo con él”.

Desde hace años Martel tiene en sus pensamientos tener una tabla de surf de la marca Camarón Brujo: “El contacto con los dueños de Camarón Brujo, Sebastián y Marcelo Galindo, fue algo increíble, ellos como marca nacional desde sus comienzos siempre apostaron por mantener una identidad, por los símbolos que nos identifican y que muchas veces el común de la gente quizás los olvidan. Y cuando les conté mi historia de vida, principalmente la historia de mi papá, a ellos los movilizó mucho en cuanto a lo personal, y ahí fue que ante mi pedido de una tabla de surf personalizada, se contactaron conmigo”.

Ezequiel les transmitió cómo quería el diseño de la tabla: “Soy partidario de los colores patrios y estoy orgulloso de haber nacido bajo este cielo y ser argentino, por esto mismo quería que mi tabla tuviera en el centro y bien grande el sol de mayo, el sol de la bandera, una escarapela bien aeronáutica en el borde inferior, muy cerca de las quillas dos franjas celestes en los bordes, las Islas Malvinas en color negro (significando el luto por todos quienes fueron a pelear y dejaron sus vidas allá) debajo de ellas, la fecha 01-JUN-82 día el que fuese derribado el Hércules C-130 donde perderían la vida los 7 tripulantes de nuestra querida Institución. Y por último, la frase que venía rompiéndome la cabeza hacia mucho tiempo y que si bien es parte de una de las estrofas de la marcha de las Malvinas, como frase en sí tiene mucha fuerza, mucha garra y en el surf son dos condiciones que se dan `Clama el Viento y Ruge el Mar´".

Y el sueño se hizo realidad. Ezequiel recibió el llamado de los dueños de Camarón Brujo diciéndole que la tabla esta lista para retirar. A los pocos días viajó a Mar del Plata, donde se encuentra el negocio, y aprovechó para conocerlos y cumplir unos de los objetivos propuestos para este año: surfear en las playas de la famosa ciudad. “Llegue al local con unos nervios y una felicidad enormes. Ahí me encontré con los chicos y nos saludamos con un fuerte abrazo. Al instante me trajeron la tabla. Estaba re feliz; no podía dejar de mirarla y agradecerle por el trabajo que habían hecho. Después tuvimos un intercambio de presentes, ellos me obsequiaron el boardshort oficial de la selección argentina de surf, más la remera. Luego de ahí nos fuimos hasta la fábrica para que yo pudiera conocer donde ellos realizan todas las tablas y de donde había salido la mía. Fue ahí cuando los sorprendí y les hice entrega de un cuadro con un mapa de las Islas Malvinas hecho por mí, en el cual plasmé las 55 posiciones donde cayeron nuestros héroes. Esos instantes fueron muy emotivos y quedarán en mis recuerdos por siempre”.

Cualquier momento es bueno para disfrutar de las olas, siempre que el viento acompañe. Y a Martel se le dieron las condiciones para poder disfrutar de su nueva tabla en el Balneario “Honu Beach” de Mar del Plata y ver a los hermanos Galindo haciendo maravillas en el agua.

Ezequiel volvió a Buenos Aires con el alma llena y lo esperaba una noticia que cerraría el año con otro sueño cumplido: surfear en las playas de las Islas Malvinas. “El mar es importante para mí, porque es naturaleza, es fuerza y le tengo respeto desde chico. Siento que al ingresar al mar y surfear me conecta con mi viejo. Y hacerlo en las Islas fue cumplir unos de mis objetivos en esta vida”.

El hijo del héroe ya había visitado Malvinas hace unos años, pero solo estuvo seis horas. Acompañado por amigos, esta vez se quedó una semana conviviendo con los habitantes, recorriendo la ciudad y con la idea de surfear la playa “Surf Bay” y viajar a la Isla de “Borbón” donde hay tres playas. “El significado de ir a Borbón es que a 38 millas náuticas impactó el avión argentino al noroeste de la Isla”.

“Creo que fue un gran viaje, la gente que trabaja en la Base Militar de Mount Pleasant el día que llegamos se quedaron mirando detenidamente cuando me vieron que yo venía con dos tablas de surf en el hombro y la chica de la aduana me preguntó muy simpáticamente si yo venía dispuesto a surfear y le respondí que sí, y ella me dijo: ‘Pero hace mucho frío’, y le respondí: ‘No me importa, para eso vine’, y me respondió: ‘¡You are crazy!’”.

Ezequiel aclara que “la tabla que me habían diseñado los hermanos Galindo no la llevé, para evitar cualquier tipo de problemas. Es por eso que les encargué otras dos tablas”.

Martel y sus amigos partieron para la playa Surf Bay. “La aproveché al máximo, hice una entrada en calor, ya que la térmica nos marcaba 1 grado bajo cero y realmente el frío se siente mal; terminando de alistar todo se me congelaban las manos. El traje fue un 4.3 Flashbomb que me dio Rip Curl más botas, guantes y capucha. El traje se la re contra bancó, estuve cómodo todo el tiempo y el frío no se hizo sentir tanto en el agua. En sí la ola es bien orillera, la sesión de olas viene desde el fondo con mucha fuerza pero cuando rompe en la escollera de piedras pierde fuerza y se vuelve a armar. Por esto mismo costó agarrar una buena ola estando dentro, y me quedaba esperando, el frio se siente más por eso por momentos me sumergía, los últimos minutos mientras estaba sentado en la tabla empezó a nevar”.

Martel quería volver con la misma edad que tenía su padre cuando fue al Conflicto del Atlántico Sur. Emocionado remarcó que esos instantes en el agua “significó encontrarme con una parte de mi vida, no es solo el lugar y las Islas, fue entender que a ese pedazo de tierra mi viejo había ido a defender, sin buscar nada a cambio. Recuerdo que me fui llorando de la playa, pero estoy feliz y contento. Pude cumplir un sueño que por mucho tiempo lo vi muy lejano, pero el gusto de poder entrar en Surf Bay y ser, creo, el primer argentino hijo de un héroe en hacer esto fue un orgullo y una manera de rendir homenaje”.

En las Islas, el tiempo tuvo la particularidad que les nevó siempre y hasta hubo tormentas, eso no les impidió realizar lo planeado: visitar el cementerio. Un lugar de silencio, respeto y presencia de los que partieron haciendo Patria, donde su gloria quedará para siempre. “Soy fanático de los escudos y coleccionista, me pareció lindo llevar uno de cada sistema de armas, y dejarlos detrás del cementerio. Hice un pozo y fui poniendo los escudos uno arriba de otro, en homenaje a todos esos héroes que defendieron con grandeza y honor estas Islas”.

El último día los invitó a cenar la dueña de uno de los alojamientos de Malvinas. En su comedor ella tenía muchos libros de la guerra, Ezequiel los empezó a hojear y por sorpresa encontró la foto de su papá. Con un nudo en la garganta y emocionado, les dijo a todos: “Este es mi papá”. Todos en silencio observaron lo que estaba experimentando un hijo que perdió a su padre y lo que significaba estar viviendo todas esas emociones donde se realizó la guerra. Martel se encontró con la contención de la dueña a través de un abrazo tan grande que emergieron las lágrimas de ambos.

“Estoy muy contento por todo lo vivido este año. Surfear las playas de Mar del Plata y de las Islas fue cumplir con los sueños que tenía desde chico. Estar en Malvinas fue una linda experiencia porque me conecté con el lugar y me permitió estar más cerca que nunca con mi viejo. Surfear las olas es sentirme libre, es una mezcla de emociones, y cada vez que clame el viento y ruja el mar estaré allí”, finalizó Ezequiel Martel.

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