VUELO ANUAL DE CONFRATERNIDAD AERONÁUTICA RIOPLATENSE


Se conmemoró el Centenario del Doble Cruce del Río de la Plata, realizado por Jorge Newbery en 1912
Por Cecilia Vergara


El 17 de noviembre la Fuerza Aérea Argentina y la Fuerza Aérea Uruguaya homenajearon, como todos los años, a los precursores de la aeronáutica al realizar el Doble Cruce del Río de la Plata.

En horas de la mañana, arribaron a la Base Aérea Militar (BAM) de Morón alrededor de 15 aeronaves uruguayas, entre civiles y militares. La delegación de la República Oriental del Uruguay estuvo encabezada por el presidente de la Academia de Historia Aeronáutica, coronel (R) Ángel Hernández; el vicepresidente, coronel (R) Álvaro Quiros y el director general de Aviación Civil, coronel Fernando Maurente, quien fue el responsable de trasladar la Copa.

El evento, realizado en el hall central de la Base Aérea, comenzó con las palabras de bienvenida del presidente de la Comisión del Centenario de la Aviación Militar Argentina, brigadier mayor Mario Miguel Callejo y, a continuación, se entonaron las estrofas de los himnos de ambos países, interpretados por la Banda de Música, a cargo de la primer teniente Sandra Corvalán.

Luego, el capellán local ofreció una oración religiosa que fue sucedida por las palabras alusivas de los representantes del Aeroclub Argentino, la Academia de Historia Aeronáutica del Uruguay y el Instituto Nacional Newberiano.

Los coroneles uruguayos Ángel Hernández y Fernando Maurente hicieron entrega de la copa conmemorativa del Centenario del Doble Cruce a la presidenta y vicepresidenta del Aeroclub Argentino, María del Pilar Rolandelli y Luisa Quiroga, la cual quedó en guardia por un año en el Instituto Newberiano, presidido por Salvador Martínez.

En representación de la Fuerza Aérea Argentina concurrieron al acto el secretario general, brigadier Guillermo Lozada Acuña; el jefe de la BAM Morón, comodoro Pedro Bruckner; el comodoro Alejandro Vergara, integrante de la Comisión del Centenario y el director del Museo Nacional de Aeronáutica, comodoro Guillermo Padilla.

Finalizando el acto, todos se trasladaron al Museo donde se realizó una recepción y se intercambiaron presentes. El comodoro Padilla presentó un video institucional en el microcine del establecimiento e invitó a los presentes a recorrer las instalaciones.

Durante las primeras horas de la tarde, los aviones uruguayos regresaron a su país por la misma ruta que sobrevoló el pionero Jorge Newbery.

LA HISTORIA DEL DOBLE CRUCE

A partir de 1910 atravesar el Río de la Plata en aeroplano se constituyó en la prueba más apasionante para los precursores de esta actividad, debido a que significaba cruzar por una distancia extensa sobre el agua con una precaria aeronave para la época.

Por aquellos años, la figura de Jorge Alejandro Newbery ya lograba trascendencia mundial por sus demostraciones en globos aerostáticos y aeroplanos.

En 1912, ante una invitación de Aarón de Anchorena que ofrecía una recepción en su estancia de Uruguay, Newbery vio propicia la oportunidad para probar que por primera vez se podía realizar el cruce del Río de la Plata en aeroplano.

Ese día, el padre de la aeronáutica argentina se trasladó a los campos de El Palomar, donde se encontraba la recién fundada Escuela de Aviación Militar. Allí, alistó al monoplano “Bleriot XI”, bautizado “Centenario”, y a las 6:30 decoló para dirigirse hacia el Río de la Plata.

El vuelo de Newbery recorrió serenamente una distancia de 70 kilómetros, a una velocidad promedio de 114 Km. por hora, hasta divisar el casco de la estancia de Anchorena cercano a la costa uruguaya. Luego de un largo planeo y dos pasadas a baja altura para reconocer el terreno, efectuó el aterrizaje ante el júbilo y admiración de los presentes. Habían transcurrido 37 minutos desde que partiera desde El Palomar.

Al aterrizar Jorge Newbery participó de la recepción brindada por Aaron de Anchorena y a las 17:20 inició el regreso. Un fuerte viento de frente lo obligó a volar a una altura de 800 metros y disminuir la velocidad a 79 Km. por hora. Finalmente, ingresó a Buenos Aires por la zona de Belgrano, para aterrizar finalmente en El Palomar, luego de 53 minutos de vuelo, donde lo aguardaban amigos y periodistas, ante quienes expresó: “Un vuelo como este da fuertes emociones, tan grandes que compensan el peligro que pueda tener. Lo he hecho, porque deseo levantar el espíritu nacional y despertar el entusiasmo que es necesario para que la aviación viva y triunfe en el país".


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